jueves, 18 de marzo de 2010

Los milagros tienen fecha de caducidad

Image and video hosting by TinyPic
Yo pensaba que lo peor que podían sucederle a LAS dos palabras, a las ocho letras, era que se gastasen, que dejasen de sentirse, pero nunca ningún conocimiento es verdadero, y siempre puede darse la vuelta repentinamente, y abofetearte gritándote: "¡REACCIONA!". En fin, así, con la mejilla todavía enrojecida del bofetón afirmo: lo peor que puede pasar es que a quien le dedicas las famosas ocho letras, te dedique otras ocho: LO SIENTO, y que ya, no valgan nada.
Supongo que cuando repetimos algo una y otra vez, deja de ser importante. La primera vez que hablamos, es digno de apuntarse en un diario, lo mismo sucede con los primeros pasos, con el primer diente que se nos cae, a cambio de cuál recibimos un regalo, e incluso con nuestro primer beso. Sin embargo, diariamente andamos o besamos, hablamos... y ni siquiera nos paramos a pensar en ello, porque ya no significa nada, es algo más que forma parte de cada día.
Eso es exactamente lo que sucede con las palabras (y con todo lo demás), que llega un punto, que no valen nada.
¿Qué nos queda entonces? Pues o inventar, o resignarnos, y aunque la segunda opción nos suma en un letargo infinito, a veces parece la única salida posible, si puede considerarse así: una salida.

Parece que los únicos personajes que podemos admirar, son los de ficción, y aunque éste esté basado en uno real, yo no pude conocerla. Asi que me resigno y conformo con admirar a la de la gran pantalla:
Image and video hosting by TinyPic

1 comentario: