sábado, 30 de enero de 2010

Recuerdos acartonados

Supongo que nunca lo había pensado, al fin y al cabo nadie lo hace. Creemos que aquello que nos gusta o que nuestras pequeñas manías, han nacido dentro de nosotros por alguna especie de brote instantáneo o psicótico, y no es que estemos equivocados, no del todo, pero esa no es la única explicación.
En mi casa son grandes coleccionistas, algo que, tengo que confesar, siempre me ha horrorizado. Cada diminuta gran colección, acaba siendo percibida por mí como más trastos que continúan conformando el "gran mercadillo multicultural" que parece mi salón.
Supongo que como todos los días sigues la misma mecánica, jamás te paras a contemplar lo que tus ojos han visto miles de millones de veces, pero siempre hay un día, unas horas vacías de tiempo, que decides rellenar con la contemplación al vacío. Es en ese profundo ensimismamiento, cuando ves la mesa rebosante de cajas, y de repente, como si fuera la primera vez que ese fotograma saluda a tu retinaincrédula, lo comprendes.
Tu manía, tu pasado en cuatro paredes con tapa, tus fracciones de tiempo que retienes a tu manera, tus recortes, tus resquicios de vida que se filtran por las paredes acartonadas de las cajas de zapatos. Es en ese preciso instante cuando se produce la metamorfosis, y, profundamente abrumada, no te queda más remedio que admitir que tu también eres una gran coleccionista:
coleccionas recuerdos.

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