sábado, 2 de enero de 2010

Luz



Desconozco el por qué, pero siento una especial fascinación por la luz. Por esos rayos matutinos que filtrados a través de la ventana, dibujan diminutas rayas en nuestro rostro; por los tonos rojizos y anaranjados que tiñen y llenan de calidez, mi habitación al atardecer. Es esa luz a la que jamás pondríamos un color, porque son infinitos los tonos que refleja, y sin embargo, cuando falta, cubre todo con su negra pintura.
Así, tal vez, lo más hermoso de una fotografía sea su luz, cómo el objetivo logra captar pequeñas motas de polvo iluminadas que parecen polvos mágicos sobre el papel. La luz justa y sabia que difumina un rostro y lo esconde, y sin embargo muestra otro en todo su esplendor.
Es la luz silenciosa, paciente, eterna compañera de nuestros días. Es pura magia.

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