lunes, 25 de enero de 2010

El embarcadero



Siempre he querido tener una casa con embarcadero de madera, me daría igual que no hubiera barco, pero me encantaría pisar descalza las lamas de maderas, que crujiesen con cada paso, y meter los pies en el agua congelada, asustando a tres peces anaranjados y grises.
Sería feliz. Me pasaría horas allí tumbada, dibujando, escribiendo o leyendo, o simplemente con los ojos cerrados dejando que los rayos de luz calentasen mis mejillas.
Y que pasasen las horas... en absoluto silencio...

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